- A pesar de los millones invertidos y los discursos de modernización, el servicio eléctrico dominicano continúa siendo una de las principales quejas ciudadanas. Los apagones prolongados, el alto costo de la tarifa y la mala gestión en las distribuidoras mantienen encendido el debate sobre una crisis que parece no tener fin.

República Dominicana – 11 de octubre, 2025 – 12:00 a.m. – 3 minutos de lectura.-
Por León Fernández.-
Santo Domingo.- La energía eléctrica es un elemento vital para el desarrollo económico, social y humano de cualquier país. Sin embargo, en la República Dominicana este recurso sigue siendo un dolor de cabeza para miles de hogares y empresas. Desde hace décadas, el sistema eléctrico nacional ha estado marcado por la ineficiencia, la deuda y la falta de inversión sostenible. Aunque se han implementado reformas y proyectos ambiciosos, como la planta de Punta Catalina o los incentivos a las energías renovables, el problema de fondo continúa: los apagones y el alto costo del servicio.
Antecedentes históricos
La crisis eléctrica dominicana no es nueva. Desde los años 80, el país arrastra deficiencias estructurales en generación, transmisión y distribución. Con la privatización parcial de las empresas en los 90 y la posterior creación de las EDES (Edenorte, Edesur y Edeeste), se esperaba una mejora significativa. Sin embargo, los resultados han sido mixtos. El Estado ha tenido que seguir subsidiando el sistema con más de 1,000 millones de dólares anuales, lo que impacta directamente en las finanzas públicas.
Testimonios ciudadanos
En el barrio Los Mina, Santo Domingo Este, los apagones siguen siendo parte de la rutina.
“Aquí uno se levanta sin saber si va a poder planchar o prender el abanico. A veces se va la luz tres y cuatro veces al día», comenta Carmen Díaz, ama de casa.”
Mientras tanto, en Santiago, los comerciantes expresan frustración por las pérdidas que sufren cuando la energía falla.
“La factura viene cara y aun así hay que gastar en inversores y combustible», señala Esteban De León, propietario de una joyería.”
Estas voces reflejan una realidad común: los dominicanos pagan caro por un servicio irregular.
Causas principales
Expertos consultados por este medio coinciden en que las causas son múltiples:
• Pérdidas técnicas y no técnicas (robo de energía y redes obsoletas)
• Débil supervisión estatal y corrupción administrativa
• Falta de inversión en mantenimiento de las redes de transmisión
• Subsidios mal focalizados que incentivan el derroche
Un informe de 2025 indica que las pérdidas eléctricas en República Dominicana, acumuladas para las EDEs, rondaban el 37.4 %.
La perspectiva oficial
El Ministerio de Energía y Minas asegura que el país avanza hacia la estabilidad eléctrica. En un comunicado reciente, el ministro afirmó que “gracias a las nuevas plantas y al fortalecimiento del sistema de transmisión, los apagones han disminuido significativamente en algunas zonas”. No obstante, las estadísticas oficiales aún muestran brechas entre la oferta y la demanda, especialmente en sectores rurales y barrios populares.
Los intereses detrás del apagón
Diversos analistas señalan que la crisis eléctrica no solo es técnica, sino también política. El sistema se ha convertido en un terreno fértil para el clientelismo, el negocio de contratos millonarios y la dependencia de combustibles fósiles importados. Cada cambio de gobierno implica nuevas promesas, nuevas comisiones y nuevos diagnósticos… pero la luz sigue yéndose.

Iniciativas de cambio y esperanza
Pese a todo, hay señales de avance. Proyectos de energía solar y eólica en Montecristi, Barahona y Azua comienzan a integrarse al sistema eléctrico nacional. Además, varias comunidades han impulsado cooperativas de energía renovable con resultados positivos.
“En nuestro pueblo no esperamos más al Estado; instalamos paneles solares y ya no dependemos de las EDES», explica Rosa Mejía, comunitaria en Sabana Yegua.”
Una deuda pendiente
El acceso estable a la electricidad sigue siendo un reto nacional. Mientras los hogares pobres pagan caro por un servicio deficiente, los sectores empresariales presionan por tarifas competitivas. La solución no llegará solo con nuevas plantas, sino con transparencia, planificación y educación energética. Hasta que eso ocurra, los apagones seguirán siendo una metáfora de un país que aún busca encender su desarrollo.
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