OPINION

Rep. Dom. – 8:00 a.m. – mayo 4, 2026
Por León Fernández.—
Santo Domingo, D.N.— La política dominicana parece moverse en un carrusel donde cambian los rostros, pero no siempre las prácticas. Entre promesas recicladas, discursos repetidos y decisiones que dejan más dudas que soluciones, el país ha transitado —metafóricamente— entre la abundancia prometida (la “tayota”) y los resultados mínimos o cuestionables (el “pichirrí”).
Desde los años de gobierno de Leonel Fernández, pasando por el retorno del liderazgo del PLD con figuras como Gonzalo Castillo como candidato presidencial, hasta la llegada al poder de Luis Abinader, el discurso del cambio ha sido una constante. Sin embargo, el resultado percibido por muchos ciudadanos sigue atrapado en una sensación de ciclo repetitivo.
En ese escenario, figuras como Carolina Mejía han intentado posicionarse desde una gestión municipal con enfoque moderno, mientras Hipólito Mejía continúa siendo un actor influyente con un estilo directo que divide opiniones. Por su parte, Abel Martínez ha apostado por una narrativa de orden y control, retirando sus aspiraciones a candidato presidencial.
El problema central no es la existencia de propuestas, sino su coherencia, continuidad y credibilidad. En muchos casos, las ideas políticas parecen desconectadas de una visión integral de país. Se anuncian soluciones rápidas para problemas estructurales, se repiten fórmulas sin evaluar resultados previos, y el debate público se reduce más al espectáculo que al contenido.
Uno de los puntos más sensibles ha sido la capacidad de diálogo. La política dominicana ha mostrado avances institucionales, pero también momentos donde el consenso se sustituye por la confrontación o el cálculo electoral. En temas clave —economía, seguridad, salud, educación— se echa en falta una discusión más profunda, técnica y menos reactiva.
En cuanto a sectores vulnerables, como las personas con discapacidad, el discurso suele ser inclusivo, pero la ejecución no siempre alcanza el mismo nivel. Persisten barreras en acceso, oportunidades y representación efectiva. Esto refleja una brecha entre lo que se promete y lo que realmente se implementa.
De cara al futuro, especialmente con el horizonte electoral, el país enfrenta una decisión crucial: continuar en ese ciclo de “desaciertos sin frenos” o exigir una política más coherente, medible y responsable. La ciudadanía ya no solo observa, también compara. Y en esa comparación es donde nace el juicio más duro.
Porque al final, más allá de nombres y partidos, la pregunta sigue siendo la misma:
¿seguirá el país moviéndose entre la tayota prometida y el pichirrí recibido?
“El hombre virtuoso actúa conforme a la razón.”
Aristóteles, Filósofo griego.
Para contacto con el autor: diarioextremodigital@gmail.com
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